Mutismo Selectivo

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad que afecta la capacidad del niño para hablar y comunicarse en situaciones sociales como la escuela, las citas de juegos o las reuniones familiares. No existen causas físicas del mutismo selecto, y los niños que lo padecen son perfectamente capaces de hablar y comunicarse cuando se encuentran en un ambiente seguro y relajado. En términos simples, el mutismo selecto es una forma extrema de timidez.

En la abrumadora mayoría de los casos, los niños con mutismo selecto tendrán alguna forma de ansiedad social que los hará incapaces de hablar en entornos nuevos o públicos. Hay grados de mutismo selecto, y algunos niños pueden tener mejores resultados que otros si el nuevo grupo es pequeño o si hay caras conocidas, pero la mayoría de ellos tendrá problemas para responder o iniciar una conversación con nuevas personas.

Mutismo Selectivo
Mutismo Selectivo

Como hay grados en esta condición, diferentes niños reaccionarán de manera diferente a entornos sociales intimidantes. Algunos pueden evitar el contacto pero pueden susurrar, otros pueden hacer contacto visual pero no hablar, y otros pueden quedar paralizados por el miedo y no responder por completo a los intentos de otros de interactuar. Sin embargo, a diferencia de otras condiciones que pueden manifestarse de manera similar, como el autismo, los niños con mutismo selecto casi siempre tienen el deseo de interactuar y hacer amigos, pero se encuentran incapaces de hacerlo.

Aunque se ha descubierto que la mayoría de los niños con mutismo selectivo están genéticamente predispuestos a los trastornos de ansiedad, existen otras razones por las cuales un individuo puede desarrollar la afección. Por ejemplo, si la amígdala, la parte del cerebro que se ocupa del comportamiento emocional, tiene un umbral inferior al promedio, las situaciones sociales pueden desencadenar una respuesta de miedo y hacer que el niño se retire.

Alternativamente, la disfunción de integración sensorial puede provocar un mutismo selecto, lo que significa que pueden ser abrumados por uno o más de sus sentidos, y los desencadenantes como luces o sonidos pueden hacer que se “apaguen” socialmente. En algunos casos, los niños pueden desarrollar un mutismo selecto debido a un impedimento del habla o una discapacidad de aprendizaje, lo que hace que se vuelvan demasiado conscientes de sí mismos para comunicarse.

La mayoría de los diagnósticos de mutismo selecto tienen lugar entre las edades de 3 y 8 años, ya que este es el período en que la mayoría de los padres dejan a sus hijos en una guardería o en la escuela, donde la incapacidad para socializar se hace evidente. En este punto, un médico hablará con los padres e identificará cuál de las causas antes mencionadas está detrás de la afección, aunque el tratamiento seguirá siendo en gran medida el mismo independientemente.

La principal prioridad del tratamiento será reducir los niveles de ansiedad, ya que esta es la raíz del problema en casi todos los casos. Esto implicará el uso de uno o más tipos de terapia, como la terapia cognitivo-conductual, la psicoterapia o la terapia de ansiedad por comunicación social específicamente diseñada. Esto implicará ayudar al niño en varias áreas diferentes, como desarrollar su confianza, ayudarlo a identificar las causas de su miedo y enseñarle técnicas de afrontamiento.

Al final, la mayor parte del tratamiento para el mutismo selecto es enseñarle al niño de manera adecuada y reflexiva cómo integrarse con las personas. Aunque puede parecer un enfoque anticuado, los estudios han demostrado que la forma más efectiva de tratar el mutismo selecto es colocarlos en situaciones sociales. Esto requerirá la participación de personas de todas las áreas de la vida del niño, como familiares, vecinos, maestros y amigos.

La reacción del niño variará dependiendo de la combinación de personas y lugares, por lo que una persona que interactúa con el niño puede recibir una respuesta diferente en otro entorno. Además, diferentes personas descubrirán que diferentes técnicas funcionan para ayudarlos a interactuar con el niño, por lo que cada persona involucrada en su vida comenzará a construir su propia relación única con el niño. Este tratamiento requiere una fuerte base de apoyo, y seguramente habrá una curva de aprendizaje para muchos involucrados, pero si se toma el tiempo y se hace un esfuerzo, la mayoría de los niños con mutismo selecto podrán superar su ansiedad.

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